No queremos ninguna repetición histórica, repetición que devendría en maligna, inhumana, criminal. Los hechos acontecidos el martes 25 del presente mes en el barrio El Tablón, sacaron a relucir algunas intimidades de algunos políticos que parece que quieren una secuela del 1992, año en el cual, políticos, corifeos de lo más terriblemente vil de la política provincial, despojaron de sus techos a tanta gente humilde moradores aún de El Tablón.
Despojaron de su techo a estas gentes a quienes la incertidumbre de hoy los llevó a manifestarse en las calles, de manera pacífica, recibiendo de parte de los veniales y desalmados hombres del gobierno, una respuesta contundente que denunciaba una involución histórica audaz y peligrosa. El metamensaje es claro: nuestras acciones (las del gobierno) son enteramente democráticas hasta tanto pongan a peligrar el capital de aquellos que cobran con creces los favores políticos prestados. ¡Qué lamentable! ¡Qué bochornoso! ¡Qué oprobioso! Que enfrentemos con tiros lo que no podemos enfrentar con decisiones de hombres justos, de ecuánimes, de agradecidos.
No queremos repetición histórica, porque esta arma de doble filo puede resultar cortante, incisoria electoralmente. En definitiva, sólo esto es lo que importa, que dominicanos viles y traidores ahuyenten las esperanzas con los métodos con los cuales se cercenan las libertades. ¡Qué burla cruel! ¡Qué sarcasmo criminal! exigir a estas gentes un veinticinco por ciento del costo de las viviendas, y es justamente a estas gentes a quienes el mismo gobierno ha llevado a la más extrema indigencia.
Muchos serán los que no podrán aceptar el compromiso del pago mencionado, porque, sencillamente, no tienen con que pagar tan injusto precio. ¿Qué haremos entonces con estos? ¿Lanzarlos al grupo cada vez mayor de aquellos que no tienen un techo ni digno ni indigno? Cuánta barbarie en un país en el que nos obligan a decir: es pa”lante que vamos.